Terminamos la universidad, ¿y ahora qué?

Nuestro modo schoenstatteano de vivir la espiritualidad, ¿puede impactar la realidad?

Un grupo de jóvenes pertenecientes al Movimiento de Schoenstatt interesadas en conocer maneras de insertarse en el mundo laboral, visitaron en Buenos Aires, Argentina, dos centros en los que la espiritualidad de Schoenstatt se aplica de manera original en áreas de educación y salud.

No es extraño que los jóvenes que se acercan al final de su carrera universitaria se sientan inseguros o quizás temerosos. Detrás de ellos se cierra una etapa en la que, de algún modo estaban contenidos, donde había reglas conocidas, una cierta rutina de clases, exámenes y vacaciones. Cuando se acaba la universidad puede aparecer un gran abismo que grita: “¿y ahora qué?”.

Nos cuenta Pedro, estudiante de Economía, de 22 años: “Algunos amigos extienden la etapa de estudiantes para permanecer en terreno seguro y posponer las responsabilidades de la vida adulta”.

Pablo, de 20 años, agrega: “Muchas veces aparece el miedo a no dar la talla: el mercado laboral hoy es enormemente competitivo. Muchos jóvenes sienten que nunca están lo suficientemente preparados. Se convencen de que si no tienen cinco posgrados no van a conseguir un buen trabajo. Se sufre una gran inseguridad”.

Ante este panorama que se constata en el mundo, un grupo de nueve jóvenes de la Juventud Femenina de Schoenstatt de la ciudad de Córdoba se propuso tomar postura frente a esta realidad contactando directamente con profesionales vinculados a Schoenstatt que ya están insertos en diferentes instituciones. 

En el caso de estas jóvenes se agregaba otra motivación, la de descubrir cómo se puede llevar el espíritu de Schoenstatt al mundo, cómo se aplican las verdades que cada una hizo suyas en el ámbito del trabajo. Acompañadas por las Hermanas María Lupiáñez y Teresita María Repetto viajaron a Buenos Aires para conocer dos áreas bien concretas: las de la educación y la salud.

Carisma que se irradia

La gira se inició en el Colegio Mater Ter Admirabilis. Acompañadas por las hermanas y los docentes que trabajan allí, pudieron recorrer las instalaciones y compartir recreos con alumnos de diferentes niveles.

Micaela, una de las jóvenes del grupo, recuerda: -“Fue impactante notar el clima mariano que se respira en el colegio, el trato cordial y de total confianza entre los alumnos, los profesores y las hermanas”.

Y agrega Josefina: -“Lo que más me impactó fue descubrir allí cómo el espíritu de Schoenstatt no es algo que queda vinculado sólo a las Hermanas sino que se transmite a todo el cuerpo docente. Nos contaron cómo buscan educar personas integrales, con valores sólidos, preparándolas no sólo en lo académico, sino integrando todo lo humano y lo espiritual. De este modo el ideal del Colegio, ser Familia que forja personalidades nuevas para el mundo, hacia el Padre, fue palpándose paso a paso en el transcurso de la mañana”.

Una experiencia que cambia la mirada

Se hizo la hora de seguir camino y la ruta enfiló hacia el Sanatorio Mater Dei. Luego de un alegre almuerzo en el jardincito interior del sanatorio, el grupo recorrió algunos sectores de la institución. Una enfermera compartió su testimonio sobre lo que significa el compromiso moral en la praxis y en cada pequeña decisión. Ella transmitió también cómo experimentó el apoyo institucional y el valor de la transparencia que se respira en la espiritualidad en un momento muy difícil que le tocó vivir. En su relato resonaban las sentidas palabras que se cantan en el himno del sanatorio: “para que el compromiso con la vida sea nuestro lema ahora y siempre… que cuando el eco de una voz sufriente llegue a esta puerta en busca de reparo encuentre dignidad, calor y amparo”…

Le siguió el testimonio de una oncóloga. Ella se detuvo en cómo es la mirada de su profesión desde la fe. Son reiteradas las ocasiones en las que no puede ayudar al enfermo como desearía y se podrían interpretar como “aparentes fracasos”, pero es justamente allí cuando es la esperanza la que ilumina el momento dándole un significado trascendente.

Y por último se encontraron con la psicóloga del área acompañamiento psicoespiritual, un espacio de escucha para pacientes y para el personal del hospital. El hecho de que exista un espacio como éste, denota el énfasis que se le da a este aspecto en la institución, ofreciéndolo, tanto a pacientes como al personal del sanatorio. 

Nos cuenta Josefina: ese detalle también nos daba la pauta de cuál es el verdadero foco del sanatorio: brindar cuidado, amor y respeto, valores que se desprenden de la maternidad de María encarnada en la institución en general y cada persona del lugar.

Vivenciar atmósfera de Santuario en la ciudad

Micaela aporta algo muy especial: “Era muy impactante encontrar en medio de la ciudad, del ruido y de la agitación, esa paz y esa calma, gracias propias del Santuario de Schoenstatt. Realmente la MTA se introduce en el mundo y toca allí el corazón de las personas”. 

Como conclusión personal Josefina nos confía: “Acompañando a familiares muy queridos en centros de salud tuve experiencias que me afectaron, por ese motivo pensé que jamás trabajaría en un lugar así, como psicóloga. Esos testimonios que escuché impactaron en mi corazón y sentí un llamado muy fuerte; tanto fue así que consideré que justamente en esa área podría desarrollar mi profesión”. 

Esta experiencia por la que pudieron palpar de modo directo el desconocido ámbito laboral colaboró abriendo el pensamiento, despejando dudas, calmando ansiedades.

En todo caso, las jóvenes se preparan para esta finalización del período universitario con alegría y esperanza. Schoenstatt está presente, Schoenstatt acompaña, Schoenstatt responde al mundo de hoy, tal cual es.

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